El neoyorquino Luke Dubois compone una canción diaria durante un año

Su historia podría dejar en evidencia a los músicos que se toman años para componer un disco. O quizá demostrar que con un ordenador casi todo es posible. En cualquier caso, el artista de Brooklyn Luke Dubois ha demostrado que no hay nada que no se pueda conseguir a base de tenacidad y trabajo duro.

“Durante los últimos años me había centrado demasiado en disciplinas como la escultura, los visuales o el arte multimedia”, cuenta Dubois a 20 minutos. Un día, una amiga le recriminó el abandono de su faceta como compositor. Ni corto ni perezoso, se comprometió a elaborar una canción al día durante un año y colgarlas en su web.

Doce meses después, este incansable profesor de la universidad de Arte Experimental de Brooklyn puede decir que ha cumplido su palabra. “Al principio fue duro”, recuerda. “Lo más difícil era encontrar un hueco cada día. Sin embargo, con el tiempo se fue convirtiendo en una rutina, como cenar o dormir”.

Luke se inspiró en el proyecto 365 Days, 365 Plays, una iniciativa similar de la dramaturga Suzan-Lori Parks, que escribió en 2002 una pieza teatral al día durante un año. Armado con su ordenador, Dubois -que ha compuesto bandas sonoras y piezas para violín, entre otros trabajos- sólo se puso una norma: lo que empezara cada día tendría que acabarlo esa misma jornada.

Una ardua tarea que en ocasiones le podía llevar hasta seis o siete horas. ¿Nunca pensó en abandonar el proyecto? “La verdad es que no. Creo que es porque estoy un poco loco”.

Fuente: 20 Minutos

Los Suaves grabarán en DVD el concierto en directo de su nuevo disco 29 años, 9 meses y un día que ofrecieron en el salón de Ferias y Exposiciones de Expourense. El grupo ourensano recibirá, además, la ‘Medalla de Oro’ de la ciudad que le otorgará el Ayuntamiento como “agradecimiento” por “llevar en nombre de Ourense por el mundo”.

El grupo fue fundado en los años ochenta por los hermanos Charly Domínguez y Yosi Domínguez, que desempeñan la labor de bajista y vocalista y letrista, respectivamente.

El concierto se celebró en el Recinto Expourense de Ourense y se grabó para su posterior edición en formato Libro+2CD+DVD, en el cual se recogerán todos y cada uno de los detalles de ese día. El nuevo álbum de Los Suaves, en todos sus formatos, se pondrá a la venta en Noviembre de 2010.

Según ha explicado la organización, se estima que unas 10.000 personas asistirán al concierto, lo que ha llenado los distintos hoteles de Ourense. Para paliar la falta de espacio, la organización pondrá a disposición del público un camping de acampada libre el día del concierto en el Complejo Deportivo Oira, así como autobuses gratuitos para desplazarse al recinto.

Fuente: 20 Minutos

‘Cardio’ no es ‘Papito’, pero funciona

17/09/2010

Bosé escenificó su nueva reencarnación en un concierto espectacular

Cardio no es Papito. Pero Papito sigue siendo una fiera en el escenario. Conviene recordar que Papito  fue mucho más que el disco de Miguel Bosé de grandes éxitos regrabados junto a sus amigos músicos. Fue, además, una gira extensa y exitosa. Papito  llegó a ser casi un estilo de vida. Ayer, ante un abarrotado Palacio de Deportes (18.000 personas), Bosé, a sus 54 años, escenificó su enésima reencarnación con una puesta en escena espectacular. Este animal de escenario puede mudar su piel -para presentar su nuevo disco Cardio-, pero no cambia su esencia. Desde el minuto cero el madrileño nacido en Panamá, dominó escenario como si eso fuese el salón de su casa.

A las diez de la noche, la fiera aparece enjaulada entre las tres espectaculares pantallas gigantes y canta Ayurvedico,  dedicada a la dieta, de inspiración oriental, que le ha hecho perder 22 kilos. Elegante, sobrio, sonriente y bailón, cual Robert Palmer, Bosé se rodea de tres coristas (también de chaqueta) y una banda de inspiración y sonido rockero (muy rockero) con unas pintas entre Elvis Costello y Sôber. Suena Nena, como calentamiento y el público, mayoritariamente compuesto por mujeres, entra en ambiente. “Buenas noches, mi Madrid”, dice. “Desnudaos, abríos, entregaos, preparaos porque este va a ser un concierto histórico”. Ellas le lanzan besos cuando se quita la chaqueta y hacen amago de comérselo cuando mueve el trasero.

Miguel mantiene intactas sus dotes de seducción. Fuera y dentro del escenario. Te puede gustar más o menos su música, pero tiene algo de cautivador que te obliga a no apartar la vista del escenario. Esa magia se vio anoche durante las dos horas de concierto, aunque el público reaccionase mejor con sus temas clásicos que con las nuevas canciones.

“Morena mía no está solo dedicado a las morenas”, dijo antes de cantarla, “también a las bajitas, a las rubias, a las gordas, a las altas a las castañas… A todas”. Y tras cantar El perro, con DJ Wally Lopez como invitado (quizá el público hubiera preferido a Raphael o Ana Torroja, que estaban entre el público), bromeó: “A veces soy muy perro y a veces muy perra”. “Como perro te comía yo a ti”, soltó una señora con prismáticos.

El nuevo directo de Bosé gusta pero sobre todo cuando toca sus clásicos. Las nuevas, con excepción de Estuve a punto de, cuestan más. Aun así en 2010 Bosé funciona. Y muy bien.

Fuente: El Pais

La esposa que no se resignó


Grace Maxwell, la mujer (y mánager) de Edwyn Collins, ha escrito un libro estremecedor sobre el derrame cerebral que hundió al cantante en la miseria. Álguien debería traducirlo.

YO CONFIESO

En mis días salvajes, tuve un médico de cabecera que se empeñó en alejarme de la mala vida. El doctor Gaudioso modulaba sus argumentos. Primero, usaba una maquinita infernal en la que introducía tus hábitos perniciosos y te daba como resultado tus expectativas de vida (casi acertó con la fecha de mi infarto). Luego, comprendiendo el tipo de mulo escéptico que tenía enfrente, cambiaba de tono: “bueno, ya veo que no te importa morir. Pero ¿qué dirías de quedarte paralizado?”. Ay, yo carecía de respuesta chispeante.

EL CASO EDWYN COLLINS

Los supervivientes de los ochenta recordaran a Edwyn Collins, perteneciente a aquella ola de rebeldes musicales escoceses que llegó tras el punk. Era cantante de Orange Juice, la joya de la corona del sello indie Postcard Records. Ya a través de Polydor, el Zumo de Naranja publicó Rip it up, un glorioso manifiesto que venía a decir que, si había fracasado la rebelión punk, era el momento de rescribir las reglas y empezar de nuevo. Corría el 1982 y, si no te fijabas en la letra, Rip it up podía pasar por una muestra superior del pop británico del momento, con su funk sintetizado y su brillo de alta producción.

Orange Juice resultó ser un grupo frágil: me entero ahora de que el socio de Collins, el baterista Zeke Mankiya, venía de Zimbabwe y carecía de papeles, ni soñar con el indispensable pasaporte. A partir de 1987, Edwin ya editaba discos en solitario. Y hubiera seguido la ruta previsible -de las grandes a las pequeñas compañías, ventas decrecientes, la autoedición- de no ser por dos bazas. Compró una mesa analógica, se asoció con un buen técnico y montó un esplendido estudio. Eso le permitió mantener un gran nivel técnico, ejercer de productor y atraer a almas gemelas: allí grabó Bernard Butler la mayor parte del debut de Duffy, Rockferry.

Y luego llegó A girl like you, un sleeper, uno de esos temas que empiezan a sonar muy discretamente y que van seduciendo poco a poco al público hasta que explosiona en gran éxito. Salió en 1994 y tuvo al cantante embarcado en “la promo interminable” hasta mediados de 1996. Controlaba todos los derechos y aquello resultó ser la garantía de cualquier jubilación: un impacto del calibre de A girl like you ofrece unos ingresos perpetuos, que pueden adelgazarse según pasan los años pero repuntan si la canción reaparece en cine o publicidad.

LA CATASTROFE

A principios de 2005, Collins sufrió un derrame cerebral en su propia casa. Lo superó pero salió con terribles carencias. Inicialmente, no podía moverse o hablar: la afasia te deja incapaz de usar o entender el lenguaje, sea escrito u oral. Su lado derecho quedó inútil.

Conocíamos casos similares donde el afectado desapareció de la circulación. Todo el mundillo musical escocés sabe lo ocurrido con Frankie Miller, poderoso cantante derribado por una hemorragia cerebral en 1994, todavía vivo pero inactivo.

LA BATALLA

Falling & laughing: the restoration of Edwyn Collins es la crónica de esa tragedia y su superación. Está escrito por Grace Maxwell, esposa y representante del cantante. Una mujer brava: había trabajado en el mundo del teatro, “igualitario e iluminado en comparación con la industria de la música, poblada por misóginos y sexistas”.

Las librerías comerciales inglesas tienen estanterías completas dedicadas a lo que podemos denominar Tragedias de la Gente Común. Narraciones en primera persona de mujeres maltratadas, niños que soportaron abusos, familias más que disfuncionales, personas que recibieron golpes feroces del destino. Debe ser la versión británica de esos libros de autoayuda que caracterizan a la optimista sociedad estadounidense.

Uno pasa al lado con cierto repelús: aunque prometan un efecto terapéutico, son exposiciones de la desdicha humana y todos vivimos ignorando tenazmente la evidencia de que caminamos al borde del abismo. Nunca me hubiera fijado en Falling & laughing de no tratar de Edwyn Collins. Y me habría perdido una gran historia.

MANUAL PARA SOBREVIVIR EN UN HOSPITAL

Lo que cuenta Grace Maxwell puede ser aplicable a cualquier enfermedad, en cualquier latitud. Descubrimos que el británico NHS (National Health System) no se diferencia mucho de nuestra Seguridad Social.

Que puedes encontrarte con brillantísimos especialistas y enfermeros de gran humanidad pero también con gente torpe, perezosa, burocrática. Estos últimos pueden dejar morir al paciente. Y no enfermes en fin de semana.

Que la supervivencia del enfermo depende también de la red familiar creada para la emergencia. El derrame convoca a miembros de las familia Collins y Maxwell. Tienen la suerte de contar con una enfermera, la hermana de Grace, que sirve de intérprete entre la clase médica y los familiares.

Que los acompañantes deben vigilar “como halcones” el estado y el tratamiento del enfermo. Deben hacer bajar del Olimpo a los profesionales para que se expliquen. Aunque ellos lo odien, el conocimiento adquirido a través de Internet es munición para la defensa del ingresado.

Que vale cualquier palanca que se pueda pulsar. Conocedora de los mecanismos de la prensa, por algo ha sido manager, Grace Maxwell consigue su voluntad pidiendo hablar con el departamento de comunicación del hospital y amenazando con llamar a los periódicos. No se trata de caprichos: pretende evitar horas de dolor, estancias en plantas equivocadas, frívolos retrasos para efectuar pruebas urgentes, los disparates de una calefacción regulada por decreto (aunque en el exterior se padezcan temperaturas veraniegas).

Que la comida de hospital quita hasta las ganas de vivir. Desde el principio, aún a riesgo de parecer pijos, la familia y los amigos cocinan para Edwyn; lo común es recurrir a restaurantes y delicatessen de la zona. Cuando oye hablar de los poderes nutritivos de los menús del NHS, Grace responde con una sugerencia: “durante el tiempo que estén en sus cargos, el primer ministro, el encargado de sanidad y todo el gabinete deberían comer lo mismo que se sirve a los pacientes. Si es tan buena y tan saludable como dicen, no supondrá ningún sacrificio”.

Que la medicina privada, aunque puedas pagarla, no es necesariamente mejor. Durante unas semanas, Edwyn disfruta de habitación propia pero el cuidado resulta inferior al ofrecido en la zona pública, unas plantas más abajo. A la hora de la rehabilitación, hasta el mejor neurofisioterapeuta de Londres sugiere acudir primero al Regional Rehabilitation Unit, un centro que no admite a cualquiera: Grace comprueba que funciona un darwinismo médico que condena a los ancianos y los débiles.

Que el bótox también combate la espasticidad y no se aplica necesariamente en los morros.

UN FINAL ¿FELIZ?

Evidentemente, Falling & laughing recoge la recuperación de Edwyn Collins, la dolorosa pelea (suya y de Grace) por recuperar el control de su existencia. Anda con un bastón, puede leer y hasta concede entrevistas (mañana, tengo una cita con él). No puede tocar la guitarra -a no ser que alguien rasguee por él- pero ha vuelto a actuar, a componer, a grabar.

Viene a Madrid precisamente a presentar Losing sleep (Heavenly), con doce canciones nuevas, hechas por su cuenta o con el apoyo de Johnny Marr, Roddy Frame y admiradores de Franz Ferdinand, The Cribs o The Drums.

Alguien debería traducir el libro de Grace Maxwell. No se trata de un texto bobalicón, con soluciones mágicas: la propia autora se somete a la autocrítica y ni siquiera se esconden los defectos del protagonista. Sin embargo, hay una enseñanza en casi cada página. Mientras tanto, es posible acudir al documental que la BBC realizó sobre el extraordinario comeback de Edwyn. Como decían, preparen los pañuelos.

Fuente: El Pais

“No hay historia más extraordinaria que la de Dover”

Dover, aquellos chicos serios que soñaban con Nirvana, reaparecen con ‘I ka kené’, un disco empapado de ritmos malienses cantado en inglés, francés y bambara. Abducida por los sonidos africanos, la banda madrileña desvela las claves de su chocante cambio de registro.

La primera vez que traté a las hermanas Llanos acababan de recibir el primer disco de oro por Devil came to me. No fue un encuentro feliz y confieso que durante 15 años desarrollé cierta hostilidad hacia sus propuestas y sus personas (luego intentaré explicarlo). Así que me quedo sorprendido cuando llego a un hotel madrileño y allí está el cuarteto entero, cordial e interesado por las cuitas del entrevistador.

No parece una táctica para congraciarse; más bien, el entusiasmo de un grupo orgulloso de su nuevo trabajo. Y resulta comprensible: como hicieron en Follow the city lights, han vuelto a romper la baraja. I ka kené está marcado por su inmersión en las músicas africanas, sin dejar de ser Dover. Una de las hermanas, que ejerce de líder, explica su génesis sentimental:

Amparo Llanos. En junio de 2009 conocí a un chico maliense, un inmigrante sin trabajo. Es un enamorado del rap estadounidense, pero me puso músicas de su tierra y me quedé encantada. Empecé a investigar y para septiembre estaba totalmente colgada.

EP3. ¿De algún estilo en particular?

A. Ll. Me atraían los artistas más acústicos, con melodías casi folk, pero también los bailables. Terminé explorando todo el continente de forma virtual. Todavía no he visitado aquellos países y no estoy segura de que me gusten: esas familias donde el hombre tiene varias esposas….

Su hermana Cristina ratifica que ese entusiasmo era contagioso: “Yo creo ciegamente en las intuiciones de Amparo. Tenía el temor íntimo de que íbamos rumbo a un Follow the city lights, pero con menos fuerza, y, de repente, ella nos mostró una salida”.

Cosa grande es escuchar hoy a las Llanos enumerar sus artistas africanos favoritos: si hablan de Boubacar Traoré, le llaman Kar Kar, como se hace en Malí (es el título de su mayor éxito). Amparo llevaba sus creaciones exóticas al local de ensayo, y el grupo, aparentemente sin trauma, empezó a pertrecharse de percusiones, de mandolina, de diccionarios, de todo lo necesario para el viaje.

EP3. ¿De qué tratan las canciones?

A. Ll. Esencialmente, se han adecuado las letras a las estructuras musicales. Son conceptos poéticos muy sencillos. Se nos ocurrían frases que Mohammed nos traducía al bambara, donde encuentras similitudes fonéticas con el español, como la eñe. Y Jesús tiene una tía filóloga que nos ha evitado errores.

EP3.
Llama la atención el “yo no soy nada maternal”, cantado en francés en La réponse divine.

Cristina Llanos. Ya sé que suena casi sacrílego, pero me siento así. Me gustan los niños, pero no me imagino de madre.

EP3. ¿Pero cantas en otro idioma por no atreverte a contar eso en castellano?

C. Ll. No creo en transmitir mensajes. Lo que busco son esos momentos que sientes que se te mueve el alma.

A. Ll. Haremos canciones en español cuando nos lo exija la música.

Jesús Antúnez, el baterista, reconoce que Amparo marca el rumbo: “Se cansa antes que nosotros de lo que hacemos, sabe cuándo debemos cambiar”. Con todo, aquello es una democracia, insisten: “Hay una comunicación que casi ni necesita verbalizarse. Si Amparo o Cristina traen un tema y alguien pone mala cara, debe volver a boxes. No nos sirve o hay que trabajarlo más”. Esa es la teoría: en la práctica, todo lo compuesto para I ka kené terminó en el disco.

No sabían que una maldición persigue a los Byrne, Gabriel, Simon y demás creadores del rock que han interactuado con las músicas étnicas: pueden tener un repunte de popularidad con esos discos, pero su público habitual les castiga y entran en barrena: “No lo creemos. Lo que pudo pasar es que vivieron un subidón de creatividad al conocer esas músicas y los siguientes discos perdieron ese impulso”.

Son conscientes de que Internet está lleno de quejas y maldades por esta nueva dirección. Para Cristina, tanto alboroto puede revelarse hasta positivo: “Lo peor es cuando no hay ni críticas. Pasó con The flame (2003). Al principio fue como ‘¡Guay, qué alivio, no se meten con nosotros!’. Después… comprendimos que el problema era el disco. No nos habíamos dado cuenta, pero estábamos al final de ese camino, cansados y faltos de inspiración”.

Aseguran que carecen de explicación para esos odios que despiertan. Yo tengo mis sospechas. Aunque parezca trivial, ellas vinieron de las afueras, de Boadilla del Monte: no se integraron en el mundillo del rock capitalino, que respiraba entonces por el barrio de Malasaña. Cristina lo acepta a medias: “Sin darte cuenta, tocas teclas de miedo e inseguridad en gente que no te conoce. Triunfamos con el segundo disco y eso despertó envidias”. Además, no cree en la idea de comunidad del rock: “¿Qué es rock, irte a Discos Melocotón a comprar vinilos? A mí lo que me importa es tener garra; se trata de algo que llevas dentro, no necesitas afirmarlo yendo a determinados bares.”

Y encima parecían pijas. Se decía que trabajaban en la boutique familiar (y la moda no parecía una buena incubadora para el grunge). Te enterabas de que -antes incluso del boom de Dover- Amparo voló a Hawai para ver actuar a Nirvana. Qué nivelón, pensabas. Ella lo aclara: “En realidad, llevaba tres o cuatro años sin vacaciones. Me fundí mis ahorros en una semana, pero sin remordimientos. Coincidí con el punto álgido de la relación entre Kurt y Courtney, cuando se casaron en Waikiki”.

Además, insisto, no parecía que vivieran la impía tríada de sexo, drogas y rock and roll. Es el momento de las risitas, de las miradas a cuatro bandas. Amparo responde tajante: “Al ser una banda con dos chicas, no atraemos a groupies. Al menos ¡yo no vi grandes orgías!”. Cristina se pone misteriosa: “Las apariencias engañan mucho. Sería arriesgado afirmar que Dover nunca tuvo contactos con las drogas”. Pero se apresura a negar que Follow the city lights fuera consecuencia del descubrimiento del éxtasis, un rumor que circuló en su momento. “Qué horroroso lo de dividir una carrera según las sustancias. Los discos del alcohol, el doble álbum del caballo, la etapa de la coca… Odiamos esos tópicos”.

No creen en el rock and roll como estilo de vida, que supuestamente crea alrededor suyo un espacio de libertad. Amparo: “Nunca fuimos de salir en plan destroyer. Aunque hubo una gira por Alemania que registró notables borracheras”. Ella vive ahora en el madrileño barrio de Salamanca, mientras que Cristina se ha instalado en Chueca: “No me hago el circuito gay, para nada. Soy más bien de quedarme en casa y darme un atracón de series. No, Mad men o Los Soprano me dan como pereza. Lo mío son las series amables, como Sexo en Nueva York. Y las españolas, especialmente Cuéntame.”

¿De verdad? “Sí, sí. Veo a Imanol Arias y me recuerda a mi padre. Ahora entiendo por lo que pasaron y de dónde venimos. Fíjate, que me da miedo que lleguen a años que yo recuerdo, a mi infancia”. Reconoce Cristina que pasó por etapas de consumo desaforado de televisión, “me estoy desenganchando, me tragaba todo.”

Ya sabemos que ella se ha transformado radicalmente, desde lo físico hasta lo interior. “Yo necesito disciplina y orden en mi vida. Para mí, la rutina es el remedio contra el caos al que tiendo. Hago ejercicios de foniatría y tengo un entrenador. Es indispensable: yo nací con cinco kilos y cuatrocientos gramos, lo que significa que soy grandota por naturaleza. Hasta hace unos años, que me decidí a cambiar de dieta, a cuidar el cuerpo, a calmar el demonio que te empuja a hacer cosas que te sientan mal”.

EP3. ¿No había una hermana mayor que te pusiera firme?

A. Ll. La última vez que hubo una charla de ese tipo fue cuando ella tenía 16 años. Como no sirvió para nada, me convertí en una amiga, de apoyo total.

Distanciado de la grabadora está el cuarto miembro de Dover, Samuel Titos, bajista desde 2002. Un cordobés callado que procede de Sperm, uno de los grupos que publicaron en el sello Lolly Jackson, aventura noble que todavía atormenta a Amparo: “Sacamos siete referencias, hasta que nos quedamos sin dinero. Además, nos daba disgustos: aunque eran amigos, se quejaban de que no hacíamos lo suficiente por ellos. Yo le dedicaba al sello tantas energías como a Dover, pero no veía resultados. Aprendí que son oficios diferentes, que un artista no está necesariamente capacitado para funcionar como disquero”.

EP3. ¿Hay algún grupo o solista nacional que resulte admirable para Dover? Especifico: no hablo tanto de la música como de saber montárselo.

A. Ll. Marta Sánchez, que ha superado muchos altibajos.

J. A. Miguel Bosé, que sabe reciclar sus canciones y las vende durante años.

C. Ll. No hay historia más extraordinaria que la de Dover.

Portada del nuevo disco

I ka kené se publicará en octubre a través de Sony Music.

Fuente: El Pais

DIEGO A. MANRIQUE

Amor tallado a verso y sangre

Artículo del 17/09/2010

Joan Manuel Serrat emociona, con conciencia y confidencias, en el primero de sus nueve recitales madrileños sobre los poemas de Miguel Hernández

Cosa seria lo de anoche, y las noches que vendrán, junto al Noi del Poble Sec. Nueve veladas de hondura poética, conciencia y confidencias con Serrat en el teatro de la Zarzuela, escenario pomposo para un público de cabelleras entrecanas y miradas limpias; hombres y mujeres con la memoria viva, un bagaje a las espaldas y la capacidad de seguir emocionándose con las palabras verdaderas. Joan Manuel ha prolongado su idilio madrileño -viejo puente aéreo de complicidades consolidadas- y es capaz de agotar el papel con un espectáculo monográfico, sobrio y sin concesiones en torno a la figura de Miguel Hernández, el cabrero de Orihuela al que ya reivindicó 38 años atrás y del que ahora ha cincelado otros 13 poemas bajo el epígrafe discográfico de Hijo de la luz y de la sombra.

Lo avisó don Joan Manuel en los primeros compases del recital, para que nadie se llevara a engaños: anoche no era momento “de grandes éxitos ni canciones dedicadas”. La música para las palabras del autor alicantino lo abarca todo y el espectador ha de ser cómplice en ese proceso de lírico ensimismamiento. Ningún problema: versos, melodías y compromisos son tan vigorosos que nadie echa en falta esta vez Mediterráneo o Aquellas pequeñas cosas. Quedamos emplazados para otro día, Nano.

Era Miguel Hernández, y así lo explicó José Agustín Goytisolo, un hombre que creyó en el hombre y quiso morir con los ojos abiertos. Un poco como el propio Serrat, amigo de la especie humana y optimista en grado razonable. Arranca la noche con Joan Manuel cantando entre bambalinas Tres heridas con la garganta algo nerviosa y descolocada: no hay estómago, ni siquiera a los 66 años, indemne a las mariposas. Pero a la altura de Las desiertas abarcas, estremecedor poema del niño pobre que espera la noche de Reyes en vano, todo se encuentra ya en su sitio: nuestro trovador se ha encaramado al taburete y su voz tiembla casi con el mismo calor y temple que en sus mejores días.

Con este repertorio de 2010, Serrat ha asumido un riesgo que otros encontrarían suicida: complementar un disco rubricado en la radiante plenitud de 1972 y archivado con resonancias míticas en los catálogos musicales y sentimentales de varias generaciones. Aquella obra primigenia permanece imbatible, por su excepcionalidad artística y por la significación (y bemoles) que tenía que cantar Para la libertad en los estertores de la dictadura. Pero su secuela es mucho más que digna: la pieza que la titula, por ejemplo, figura entre lo mejor que ha escrito el catalán en muchísimo tiempo.

Los versos de Hernández propician algunos momentos de plácida luminosidad (La palmera levantina, Si me matan bueno), pero, sobre todo, el retrato de un poeta que creyó en el amor y en el prójimo, y talló su fe a golpe de verso y penitencia de sangre. Es imposible no conmoverse con El niño yuntero o, sobre todo, la Elegía a Ramón Sijé, cumbre universal del amor fraterno para la que Serrat encontró un envoltorio casi igual de estremecedor. Pero la apoteosis fue inevitable con Para la libertad, aderezada por una emotiva revista de prensa de la Transición. A esas alturas, muchos lagrimales eran ya todo un poema. Un poema profundo y maravilloso.

Fuente: El Pais

La modernidad baila cumbia revolucionada

El festival Chico-trópico acerca a Casa de América la nueva ‘invasión’ tropical

Nacida en Colombia, la cumbia era el más humilde de los ritmos sudamericanos, pero ha resultado el más viajero. En los últimos tiempos, hasta la modernidad se ha contagiado. Mañana, “un encuentro de experimentos tropicales” lleva la cumbia revolucionada hasta la Casa de América. Aquí resumimos lo que conviene saber sobre la próxima invasión.

1. El latido africano. Producto del mestizaje colombiano, la cumbia suma percusiones africanas, formas narrativas españolas y flautas indígenas, como las gaitas o el pito atravesao. A partir de 1940, la cumbia llegó a las ciudades y se reencarnó en opulentas orquestas de metales, como la del clarinetista Lucho Bermúdez o la Sonora Dinamita. Pero ha sido en su forma más práctica -combos electrificados- como la cumbia ha conquistado todo el continente.

2. Chicha psicodélica.
Por su propia elementalidad, la cumbia ha sido material flexible que se ha adaptado a las circunstancias. En la AmazonÍa peruana, tomó la forma de chicha, que acabó conquistando los espacios urbanos. Debido a la exuberancia de sus guitarras eléctricas y algunas referencias a alucinógenos como la ayahuasca, la chicha ha adquirido seguidores en el universo del rock. Ayudan las recopilaciones del sello madrileño Vampi Soul, como Cumbia beat.

3. La cumbia villera. Hablamos de una música sencilla, de querencia popular, que prende en poblaciones olvidadas. Así, en las villas miseria argentinas ha brotado la cumbia villera, que incluye letras sexualmente explícitas y complicidades con la delincuencia.

4. La parada mexicana. Por encima incluso de Colombia, México es el primer mercado de la cumbia. De hecho, agrupaciones colombianas como la Sonora Dinamita franquiciaron agrupaciones locales para cubrir la demanda del país de los aztecas. Allí han prosperado formas aberrantes como la tecnocumbia, pero su omnipresencia también ha permitido el acercamiento de productores audaces, que hacen grabaciones pensando en los sonideros, los efectistas pinchadiscos que animan fiestas. Un modelo son algunos trabajos de Celso Piña, alias El Rebelde del Acordeón.

5. Plataforma Brooklyn. El barrio neoyorquino, con sus altos porcentajes de población latina y creadores curiosos, ha funcionado como incubadora para experimentos que parten de la cumbia y ritmos hermanos. Los cumbia parties acogen a bandas locales como Chicha Libre -dirigida por un francés, Olivier Conan- o a los chilenos Chico Trujillo. Siguiendo el ejemplo del colectivo argentino Zizek o el mexicano Toy Selectah, se cultiva la cumbia digital, que ya cuenta con llenapistas del calibre de Brooklyn cumbia, del estadounidense Uproot Andy.

6. Una guía para iniciarse. El fenómeno de los cumbia parties se está reproduciendo en locales cool de Berlín o Londres. El sello Nascente acaba de publicar su Beginner’s guide to cumbia, un triple CD que presenta el pasado, el presente y la future cumbia, donde aparecen remezclas de artistas tan inesperados como el Instituto Mexicano del Sonido o los catalanes de La Troba Kung-Fu.

7. El primer Chico-trópico. Mañana, a partir de las 20.00, se desarrolla en la Casa de América el primer Chico-trópico: encuentro de experimentos tropicales. Los comisarios, Sara Brito y Bruno Galindo, apuestan por esa terra incógnita a la izquierda de la world music, donde chocan ritmos de raíz y experimentación lúdica. Debutan con la cumbia y han confeccionado un cartel prometedor que encabeza Dick El Demasiado, un holandés maduro que desde Buenos Aires ha promovido lo que llama cumbia lunática. De Argentina también vienen los inclasificables Síquicos Litoraleños, que prometen “chamamés psicodélicos, cumbias atonales y folk ruidista”. Y se completa con un trío arty de México DF, Sonido Changorama, que enriquece su cumbia digital con capturas de sonidos de la calle.

Fuente: El Pais

A punto de acumular siete décadas de vida, Sus Satánicas Majestades no parecen dispuestas a rendirse. De hecho, están en conversaciones para celebrar su medio siglo de rock con una nueva gira mundial.

El batería de los The Rolling Stones, Charlie Watts, que el año que viene cumplirá 70 años, ha explicado que la banda ha llegado a un momento de su vida en el que no puede hacer planes muy a largo plazo y que está estudiando una gira mundial que podría ser la última.

“Dijimos que si hacíamos algo sería el año que viene (2011) o el siguiente… hemos llegado a una edad en la que no puedes mirar muy lejos en el futuro”, explica Wattas en declaraciones a Le Parisien.

Con Mick Jagger y Keith Richards cumpliendo los 70 en 2013, la última gran gira de los Stones fue A Bigger Band, que hoy por hoy sigue siendo el tour que más dinero ha recaudado en la historia de la música.

Fuente: 20 Minutos